Mientras cerrábamos el básico anterior de esta serie, revisamos quién tiene acceso a nuestro propio servidor de producción. Apareció algo que no esperábamos: una cuenta con permisos de administrador, contraseña activa, sin usarse hacía más de dos años. Nadie la había cerrado. Nadie se acordaba bien de por qué seguía ahí, más allá de que había trabajado en el sitio un colaborador externo en una etapa muy anterior a Asentic tal como es hoy.
Esa cuenta es el ejemplo perfecto de lo que el tercer básico de la ANCI busca evitar: minimizar privilegios. No es un problema de que alguien hiciera algo malo. Es que nadie revisó, durante dos años, si ese acceso todavía debía existir.
Lo que dice la ANCI
La guía oficial parte de una idea simple: cada cuenta debe tener los mínimos privilegios necesarios para hacer su trabajo, ni uno más, y eso incluye el acceso a los distintos sistemas de la organización. Para entregar esos permisos bien hay que saber primero qué información maneja cada sistema y quién realmente necesita tocarla.
Después vienen los puntos que más cuesta sostener en el tiempo: debe existir un procedimiento para pedir permisos elevados de forma temporal, que se retiren en cuanto se termina la tarea. Las cuentas de administrador necesitan autenticación multifactor. Y, el que más nos tocó de cerca: toda cuenta debería desactivarse automáticamente tras un período de inactividad, salvo que sea explícitamente esencial. Justo lo que le faltó a la cuenta que encontramos.
Minimizar privilegios, según tu tamaño
Nivel 1 · Personas
Si administras solo tus propios equipos, el principio se traduce en no vivir conectado como administrador todo el día.
- Usa una cuenta normal para el día a día, y la de administrador solo para instalar o configurar. En Windows y Mac ya viene separado; en Linux, evita loguearte como root de forma permanente.
- Revisa qué apps tienen acceso a tu cuenta de Google o tus redes sociales. Con el tiempo se acumulan permisos de apps que ya no usas, y cada una es una puerta más.
- Cierra sesiones de servicios que dejaste de usar, en vez de dejarlas ahí “por si acaso”.
Nivel 2 · Pequeños emprendimientos: cómo lo hacemos nosotros
Asentic es exactamente este tamaño, y fue justo ahí donde encontramos la cuenta dormida. Al revisar el acceso SSH de nuestro droplet de producción replicamos la misma postura que ya teníamos en otro de nuestros servidores:
- Sin contraseña, sin acceso de root directo, con la lista de quién puede entrar. Cerramos el acceso por contraseña (solo llave), bloqueamos el login directo como root y dejamos explícito qué usuario puede conectarse, en vez de dejarlo abierto a cualquiera que tenga una credencial válida.
- La auditoría encontró lo que la configuración sola no iba a encontrar. El hardening técnico no habría detectado esa cuenta dormida: seguía teniendo contraseña válida y privilegios de administrador. Se necesitó revisar la lista completa de usuarios, no solo endurecer cómo se accede.
- La cerramos sin borrarla. Le quitamos los privilegios de administrador y bloqueamos su contraseña, pero dejamos la cuenta y su historial por si alguna vez hay que revisarlos. Minimizar privilegios no siempre es eliminar: a veces es dejar el acceso en cero mientras se conserva el registro.
¿La lección real? No es que hayamos cometido un error nuevo. Es que un acceso bien configurado hace dos años puede volverse un riesgo hoy si nadie vuelve a mirarlo. Configurar privilegios es un evento; mantenerlos mínimos es un hábito.
Nivel 3 · PYME de mediana complejidad
Con más personas, más sistemas y más rotación de colaboradores, minimizar privilegios necesita proceso, no memoria:
- Alta y baja formal de accesos. Cuando alguien entra, se le da exactamente el acceso que su rol requiere. Cuando alguien sale, sus accesos se cierran ese mismo día, no “cuando alguien se acuerde”.
- Revisión periódica de quién tiene qué. Una vez cada cierto tiempo, alguien recorre la lista completa de accesos y pregunta: ¿esta persona todavía necesita esto? Es exactamente el ejercicio que nos habría evitado dos años de una cuenta dormida.
- MFA obligatorio en cuentas de administrador, sin excepción, tal como pide la ANCI.
- Desactivación automática por inactividad, cuando el sistema lo permite, en vez de depender de que alguien se acuerde de revisar manualmente.
- Roles claros para proveedores y socios externos, con el mismo criterio: acceso acotado a lo que necesitan, por el tiempo que lo necesitan.
Las cuentas dormidas son el punto ciego más común
Vale la pena detenerse en esto porque es, con diferencia, lo más fácil de pasar por alto: nadie configura una cuenta pensando en dejarla abierta para siempre, pero eso es justo lo que termina pasando cuando no hay una revisión periódica. Un excolaborador, un proveedor que ya no trabaja contigo, una cuenta de prueba que “después se borra”. Cada una sigue siendo una llave válida, guardada en algún cajón que nadie revisa.
La pregunta que conviene hacerse, con la misma frecuencia con que revisas el inventario de activos del básico 0, es simple: ¿cada acceso que existe hoy, lo sigue necesitando alguien?
En resumen
Minimizar privilegios no termina el día que configuras los permisos correctos. Es un hábito, no un evento: la cuenta que encontramos dormida en nuestro propio servidor llevaba dos años configurada “bien” el día que se creó. Revisa quién tiene acceso a qué, cierra lo que sobra y no confundas “configurado una vez” con “seguro para siempre”.
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